¿Por qué es importante el territorio para los pueblos indígenas?

Los pueblos indígenas dependen de su territorio y sus recursos naturales para proveerse de la mayor parte de los materiales y productos que necesitan para sobrevivir de día a día. Esto incluye comida (carne y fruta del monte, pescado de los ríos y lagos, verduras de sus chacras), materiales de construcción (hojas de palmera, diversas maderas especiales para los postes, los pisos, las paredes de sus casas, lianas para hacer sogas), plantas medicinales y arcilla para hacer ollas y platos.

Además el territorio es importante no sólo como fuente de recursos de subsistencia, sino también como fuente o manifestación de la identidad espiritual y cultural de un pueblo. En muchos casos un pueblo ha vivido en su territorio durante muchos años, a veces cientos de años, y la historia del pueblo está íntimamente asociada a los lugares y el paisaje del territorio. Para muchos pueblos amazónicos la acción de un individuo de trabajar la tierra (por ejemplo, hacer una chacra) crea una conexión entre el espíritu de esa persona y la tierra, un lazo que perdura en el tiempo y hasta después de la muerte de la persona. Esta relación que los pueblos indígenas tienen con su territorio se registra en los nombres de los ríos, quebradas, lagos, cerros y cuevas, y en las historias que cuentan y recuentan sobre acciones o aventuras que ocurrieron en distintos lugares de su territorio en un pasado mítico o recordado.

Ejemplo: La conexion entre los nahua y su territorio

Los nahuas dicen que cuando una persona se muere su yoshi (la parte de la persona conectada a la vida cotidiana y su personalidad) sale del cuerpo y trata de quedarse con los parientes vivos, los molesta y les puede hacer daño. El yoshi sigue conectado a todas las pertenencias materiales del difunto y a cualquier cosa o lugar que a los vivos les hace recordar a la persona que ha muerto. Por eso el yoshi estará siempre conectado a todos los lugares que frecuentaba en vida (como caminos, playas, chacras, su casa). Así es que la identidad de un individuo nahua se incorpora al paisaje y la gente recuerda y habla de los antepasados cuando pasan por los sitios de asentamientos y chacras antiguos.

Las comunidades indígenas con un territorio sano y abundante no son pobres: viven al margen de la economía capitalista y la mayoría tienen ingresos económicos muy bajos, pero la calidad de vida y el acceso a recursos es alto. Si se les quita esta base de recursos en poco tiempo los conocimientos sobre las relaciones entre cada recurso y la tierra, y toda una forma de vivir, pueden perderse. Los pueblos indígenas que pierden su conexión con su territorio suelen perder parte de su identidad y coherencia como pueblo también; a veces se dedican a trabajar algún recurso más de lo pueda dar, o comienzan a depender de fuentes externas para obtener recursos de las que antes era autosuficientes.

El territorio no es un recurso alienable, reemplazable y separado de la persona o del pueblo. No existe de la misma manera si se abstrae de la gente que allí viven, que lo conocen, que trabajan para recrear lo y para quienes es indispensable para mantener una conexión con el pasado, para asegurar su bien estar físico y espiritual; el territorio también les sirve como una base fuerte desde la cual negociar la relación compleja y cambiante con la sociedad nacional.

La legislación peruana y las “comunidades nativas”

En los últimos 30 años ha habido cada vez más reconocimiento a nivel internacional del significado del territorio para los pueblos indígenas y se han desarrollado tratados y legislación internacional para defender los derechos de estos pueblos a sus territorios. Los más importantes son el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y proyecto de Declaración de Derechos Indígenas de las Naciones Unidas.

Según la legislación peruana, los pueblos indígenas no tenían derecho legal a la tierra hasta 1976 cuando se desarrolló la legislación de “comunidades nativas” (indígenas) como parte de la reforma agraria del Presidente Velásquez. Sin embargo la legislación peruana actual no alcanza los estándares internacionales ni las exigencias territoriales de los pueblos indígenas, principalmente porque el reconocimiento títulos separados por comunidades no equivale al reconocimiento de un territorio:

Ejemplo: La resistencia de los Achuar contra la empresa petrolera

Los achuares del río Pastaza han luchado más de 10 años para detener el ingreso de empresas petroleras en su territorio porque creen que las actividades extractivas perturbarían el balance delicado de la ecología, que traerían contaminación, espantarían a los espíritus del bosque y alterarían su acceso a los recursos y su uso del territorio. “Nuestros abuelos no dejaron un territorio sano y limpio y nuestros nietos van a seguir viviendo en él; queremos entregarles un territorio sano. Cazamos en el bosque, traemos agua del río: no queremos que esta agua esté contaminada porque el agua es la vida. Nuestros abuelos siempre iban al bosque a buscar a Arutem, el espíritu que nos ayuda a aprender y ver el futuro. Si destruyen el medio ambiente ¿dónde vivirían estos espíritus? ¿Quién nos daría nuestra visión? Si una empresa petrolera viene y nuestros hijos ya no encuentran su visión, entonces ya no tendrán futuro. Por eso no queremos que venga ninguna empresa acála empresa acá”.

Ejemplo: Menos que la mitad del territorio Achuar es reconocido

Muchas de las comunidades achuares del río Pastaza tienen títulos de tierras, pero el área estrictamente titulado es menos que la mitdad del territorio que reivindica el pueblo Achuar. Hay espacios entre los títulos otorgados (aunque el territorio de los achuares es continuo) y muchas de las áreas importantes de caza, que se usan de manera diaria, han quedado más allá de los límites de los títulos.

Ejemplo: Una comunidad Amahuaca enrodeada por madereros

La comunidad arahuaca de San Juan de Inuya (sobre el río Inuya, afluente del Bajo Urubamba) tiene titulada una franja angosta a lo largo del río. La comunidad está ahora rodeada por todos lados por concesiones forestales que otorgan derechos de explotación a empresas madereras en las zonas de cabeceras de las quebradas y ríos que pasan por el área titulada. Gran parte de su territorio ancestral está ahora dentro de estas concesiones; los madereros transitan y transportan mucha madera cerca y a través del título comunal, lo cual facilita la tala ilegal en estas tierras y causa molestias para los comuneros y comuneras, y provoca impactos a los recursos de flora y fauna de los que depende la comunidad.

Ejemplo: Las comunidades "imaginarias" de los Machiguengas

La titulación de comunidades machiguengas en el Bajo Urubamba comenzó hace treinta años, muchas de ellas en torno a asentamientos ya establecidos en torno a las misiones dominicas o escuelas del ILV. Para las familias machiguengas, acostumbradas a vivir en grupos familiares pequeños y alejados, la conformación de centros poblados, títulos e incluso el concepto de “pueblo indígena” eran todas novedades. En los últimos veinte años, a medida que los comuneros han ido aprendiendo las normas que el Estado requiere de ellas, se han ido creando barreras entre comunidades fundamentadas sobre los límites imaginarios de sus territorios comunales, a pesar de que muchas familias tienen parientes de ambos lados de un lindero. En lugar de desarrollar políticas conjuntas de aprovechamiento, las comunidades muchas veces tienen conflictos de colindancia por el uso de recursos – especialmente los de valor comercial como la madera. Las empresas petroleras en la zona también se aprovechan del modelo de comunidad, haciendo convenios individuales con cada comunidad, compensando sólo a aquellas por las que pasan en sus actividades de explotación (llamado “impacto directo”), con lo cual algunas comunidades se “benefician” desproporcionadamente y surgen diferencias inusitadas dentro del pueblo. Así es que la creación de la comunidad nativa como mecanismo para proteger territorio ha contribuido a hacer menos visibles los lazos entre familias y de ahí al debilitamiento del pueblo machiguenga.

Problemas y amenazas al territorio

Los pueblos indígenas enfrentan ahora dos retos principales en la lucha por el reconocimiento legal de sus territorios en el Perú.

El primero es lograr que el Estado entienda cómo los pueblos indígenas usan su territorio y la importancia no material (espiritual e histórico) de éste. Los gobernantes tienen que comprender la diferencia entre “comunidad titulada” y “territorio” y por lo tanto la necesidad de reconocer áreas extensas de tierras que correspondan a los usos ancestrales del pueblo y no simplemente pequeñas áreas inmediatamente alrededor de los asentamientos; también tiene que entenderse la importancia de mantener el control sobre todos los recursos (del subsuelo, de la tierra y encima de ella) del territorio.

El segundo reto es desarrollar un marco legal que reconozca territorios y asegure que el Estado los respete y defienda. Hace ya mucho tiempo que se ve a la Amazonía peruana como una fuente potencial de riquezas, disponible para la explotación nacional. Ahora se teme que el reconocimiento de la integridad territorial indígena amenazaría la autonomía del Estado en áreas que se consideran esenciales para la economía nacional.

Mientras el movimiento indígena desarrolla una campaña nacional para el territorio, cada vez más y más tierras de territorios ancestrales están siendo degradadas o explotadas en formas contrarias a los derechos e intereses de los pueblos indígenas. Algunas de las amenazas más graves los presentan proyectos promovidos por el gobierno central:

Ejemplo: Islas dentro de tierras colonizadas

La colonización andina en el territorio machiguenga del Alto Urubamba data desde los años 50. Para cuando la reforma agraria de 1974 permitió la titulación de tierras comunales, había colonos ya asentados en muchas partes del territorio ancestral machiguenga y los títulos que se les fueron otorgando a las comunidades sólo abarcaron tierras que los colonos no habían “mejorado”. Treinta años más tarde el mapa de comunidades del Alto Urubamba parece un archipiélago de islitas pequeñas – muchas de ellas insuficientes para mantener su forma de vida – en un mar de colonización.

Ejemplo: La vida de los machiguenga es limitada por el Parque Nacional de Manu

La comunidad machiguenga de Tayacome está dentro del Parque Nacional de Manu. Los machiguengas que viven allí no pueden cazar con escopeta, trabajar madera ni obtener derechos formales de propiedad sobre estas tierras (es decir un “título”) porque estas actividades o acciones interferirían con los objetivos estrictos de conservación e investigación del parque nacional.